El año 2017 se asoma como un período de grandes debates y decisiones. Chile se apronta a vivir una nueva elección presidencial y en varias regiones elegiremos parlamentarios con el nuevo sistema que deja atrás una de las mayores ataduras de la dictadura: el sistema binominal. En este contexto, una vez más el pueblo y las organizaciones sociales pondrán en la palestra pública todas sus demandas en un escenario con mayor inestabilidad; una oportunidad para dar vuelta la tortilla. Por otra parte, los aspirantes al poder tratarán de hacer suyas estas demandas y de traducirlas en sus programas y ofertas electorales. Particularmente, la diversidad sexual aparece en este escenario como un gran botín; una gran población, en su mayoría vulnerable, y con mucho que exigir.
El acuerdo de vida en pareja aparece como la antesala natural para conseguir el matrimonio igualitario. Los casos de agresión y ataques homofóbicos aparentan haber sido resueltos por la ley Zamudio. La derecha organizada en Iguales y Movilh se ha encargado de capitalizar políticamente una ley vacía para el Pueblo de Chile. El fascismo, con el poder de los medios de comunicación, promueve políticamente una falsa efectividad de ley antidiscriminatoria cuando muestra los casos de violencia hacia la diversidad como hechos aislados.
Por su parte, organizaciones como Movilh se validan ante la opinión pública cuando contribuyen a dar curso judicial a estos crímenes, que en lo superficial son ampliamente condenados por la opinión pública. Crean de esta manera, la idea de que la población LGTB se encuentra protegida en este ámbito, ahí donde el estado no se ha hecho cargo. Contrariamente, existen otras organizaciones que no comulgamos con esta satisfacción instalada. Se siente aquello en nuestros gritos y lienzos en las calles: “No somos iguales; la familia heterosexual es violenta; yo decido; saquen sus rosarios de nuestros ovarios”; y un largo y subversivo etcétera.
Agudizando nuestra mirada entonces, nos daremos cuenta de un par de cosas políticamente relevantes. La lucha de clases se hace evidente en las luchas de la diversidad sexual. Existen organizaciones que se encuentran satisfechas con algunos avances concedidos por el poder y en este contexto les resulta fácil hacer alianzas con la derecha y aplaudirla para agradecer sus favores y chorreos. Somos personas cuyas vidas corren peligro en la calle, que no tenemos patrimonio que cuidar con un AUC. Seres humanos que tienen que disimular para no perder sus trabajos. Ellas no se mueven en círculos progres o académicos. Las travestis puestas sin ninguna protección a trabajar en la calle, las tortas o los colas ocupando gran parte de los empleos menos protegidos. Infancia y adolescencia multicolor cuyas escuelas suelen ser lugares peligrosos y oscuros. Para estos últimos grupos resulta más útil replegarse en su diferencia y hacer alianzas con fuerzas opuestas al modelo social económico. Hacen alianzas también con el mundo social y es común verlos hermanados a otras marchas: A los mapuches, a las mujeres, a los trabajadores y trabajadoras, a las organizaciones feministas, ecológicas y estudiantiles.
Como organización, MUMS, Movimiento por la Diversidad Sexual se pone en esta vereda. Reconocemos que las fuerzas que oprimen nuestra sexualidad son las mismas que oprimen al resto del pueblo y explican la violencia hacia las mujeres y pueblos originarios, por ejemplo. Reconocemos la importancia de luchas como la del matrimonio igualitario en tanto garantizan la igualdad de derechos para todas las personas en este país. Sin embargo, sabemos que aquello no cambiará ni un ápice el actual modelo social y económico. Somos diversidad sexual, pero también somos obreros, obreras, estudiantes, mujeres, inmigrantes, discapacitados, pobladores, pobladoras, cesantes, pensionados, infancia. Somos clase y somos parte de los pueblos de Chile.
Volviendo a la actualidad, podemos adelantarnos a los acontecimientos de este año electoral e imaginarnos que la derecha y otros sectores allegados al poder económico y político tratarán de borrarnos y pactarán con las organizaciones de la diversidad que no se plantean conflictos de clase. Los candidatos de esos sectores políticos obtendrán el voto poco politizado de gran parte de la población LGTBI y podrán decir al país y al mundo que son “super progres” y “gayfriendly”. Por su parte, dichas organizaciones de la diversidad sexual obtendrán beneficios útiles a su clase y algunos favores políticos: Oficinas de diversidad intervenidas, por ejemplo (Ya vimos el affair Matthei – MOVILH en Providencia). Todos felices, menos los pueblos de Chile que nos verán muy lejos de la realidad del resto del país.
Nosotros reconocemos la insuficiencia de la ley Zamudio que nada dice de promoción de derechos humanos, de protección a la diversidad ni menos de reparación. Una ley sacada a la rápida por Piñera para decir que en Chile se nos respeta, pero que no dota al estado de responsabilidad hacia nuestra salud, educación, seguridad social, defensoría, etc.
En MUMS queremos ser parte del tejido social, ese que destruyó la dictadura y que no hemos sido capaces de regenerar. Ya empezamos a reencontrarnos con nuestras compañeras y compañeros históricos, así como con el mundo de los trabajadores y trabajadoras, con el mundo de la academia comprometida y con el mundo de las artes durante diciembre, mes de los derechos humanos que conmemoramos ampliamente. Además, nos preparamos para llevar a cabo el Congreso de Educación no sexista en marzo 2017, donde nos encontraremos con actores del mundo sindical, universitario, secundario, docente y demases para discutir y producir insumos necesarios con que dotar esta demanda que ha venido rondando al movimiento estudiantil y de profesores.
Como movimiento por la diversidad sexual, debemos plantear una agenda pública clara en base a nuestras propias demandas. No queremos que trans, tortas y colas volvamos a ser presa fácil de operadores políticos, principalmente de la derecha, que en tiempos de campaña no dudan en poner en sus propagandas a parejas gays, pero que después niegan sus cuerpos, su sexualidad y hasta su identidad, relegándonos al álbum fotográfico sin mayor incidencia en las políticas públicas. Como decía Pedro Lemebel hablamos por nuestra diferencia.
MUMS, Movimiento por la Diversidad Sexual
Enero 2017.
