Si algo nos es común a todas y todos los jóvenes chilenos, y con nosotros también a las generaciones nacidas en plena dictadura, es la ausencia de experiencias democráticas distintas a las que se nos acostumbró luego del fin de la dictadura. Los apasionantes relatos de una sociedad con amplias expresiones de organización política y social, donde grandes masas copaban las calles para empujar justas transformaciones y cuyo desafío envolvía a un amplia y comprometida gama de exitosos músicos, poetas y pintores que desde la cultura daban identidad a un proceso, pertenece más a los relatos de nuestros padres y abuelos que a un Chile como el actual, en que la desafección y el desinterés por la política agobian a nuestra democracia.
Lo que ocurre no es casual. El modelo neoliberal ha cumplido con rigor su objetivo de reducir tanto la envergadura como el rol que durante décadas cumplió el Estado en el desarrollo de nuestro país, restringiendo con ello el margen de acción sobre el cual la política tiene condiciones para intervenir y ser relevante para nuestro pueblo. Así mismo, el modelo ha establecido al mercado como referente de desarrollo y a la tecnocracia como un parámetro “objetivo e indiscutible” para la toma de decisiones –cosa que no es así-, despolitizando al pueblo a la vez que se enaltece el resguardo a la propiedad y a la acumulación por sobre la garantía de derechos para la ciudadanía.
La desafección política que afecta a nuestro país, por tanto, no solo es un efecto directo y esperable de aquello que llamamos neoliberalismo –así como también de las malas prácticas por todos conocidas-, sino que además juega el rol de impugnar o inhabilitar a la política como herramienta transformadora, cuestión que le permite al modelo garantizar su mantenimiento y reproducción. De allí nuestro convencimiento de que la contradicción del actual periodo sigue siendo neoliberalismo v/s democracia, ya que el modelo avanza a costa del retroceso de la soberanía del pueblo frente a la política, la economía y sus derechos sociales, a la vez que el avance de la democracia –ampliamente entendida- garantiza el reflujo del modelo neoliberal y de sus injusticias.
En este marco para los y las comunistas el postergar la tarea transformadora no es una opción. Entendemos la superación del modelo como un esfuerzo permanente por imponer la democracia por sobre los intereses de acumulación que resguarda el neoliberalismo, lo cual nos obliga a pujar día a día por consolidar cambios que nos acerquen a dicho objetivo. No esperamos, por tanto, las “condiciones óptimas” para transformar la realidad, sino que por medio de la transformación generamos las condiciones necesarias para el avance de los intereses de la clase trabajadora.
De allí que la realización de reformas que avancen en estos momentos en democratizar la sociedad seguirá siendo un objetivo contundente en miras a la superación del modelo neoliberal. Al respecto falta mucho camino por recorrer; pese a las dificultades, el proceso de transformaciones en curso no solo no se encuentra ni derrotado ni agotado, sino que por el contrario, está en franco comienzo y desarrollo. No obstante aquello, la proyección de nuevas reformas requiere de la más amplia convergencia política, la cual si bien ha comenzado con la Nueva Mayoría, esperamos que se pueda extender con todas aquellas organizaciones que, pudiendo mantener legítimas diferencias con nosotros, hayan comprendido la necesidad histórica de hacerse cargo de la tarea transformadora aquí y ahora.
El desafío es enorme y urgente. En la juventud del pueblo de Chile la contradicción “neoliberalismo v/s democracia” se expresa de múltiples y descarnadas formas; somos los jóvenes los principales afectados por el hacinamiento a consecuencia del resguardo que el modelo genera a la especulación inmobiliaria por sobre el derecho a la vivienda, somos los más vulnerados en nuestro derecho a educarnos y/o trabajar a la hora de asumir la maternidad o paternidad, los más endeudados por la educación de mercado, los más precarizados por la inestabilidad laboral y los bajos salarios, entre otros flagelos.
Una correcta política que impulse transformaciones democráticas en función de superar estas injusticias, que aporte al desmantelamiento del modelo neoliberal y nos acerque a la construcción de un Nuevo Modelo Nacional de Desarrollo, en cuyo centro esté el bienestar y la garantía de derechos para las grandes mayorías, es el desafío que tenemos las y los jóvenes comunistas en este 14° Congreso.
Esta es una tarea que estamos convencidos de poder lograr. Como señalaba Carlos Marx: “la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar, porque, mirando mejor, se encontrará siempre que estos objetivos sólo surgen cuando ya se dan o, por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su realización”.
En el 14° Congreso de las Juventudes Comunistas reafirmamos nuestro compromiso de seguir cambiando Chile y luchar para vencer