Continuemos agitando las banderas de Lenin A 150 años del nacimiento de Vladimir Ilich Uliánov.

Nacido ese lejano 22 de abril de 1870 en el seno de una modesta familia de sectores medios, oriundos de Simbirsk[i], una ciudad situada en el cauce del extenso río Volga, el pequeño Ilich se crio junto a sus cuatro hermanos y sus padres. Siendo aún muy joven vivió un hecho que conmovió a la familia, el año 1887 Alexzandr, el hermano mayor, es apresado y condenado a la pena de muerte por haber participado en un atentado contra el Zar Alejandro III. El joven es finalmente ahorcado el 8 de mayo de ese año. Este hecho marcaría al joven Vladimir, forjando su futuro compromiso político, y motivando su reflexión en torno a las vías para la lucha revolucionaria que se expresaría en sus posteriores elaboraciones teóricas.

Durante su breve paso por la Universidad de Kazán, es expulsado y relegado a una aldea a las afueras de la ciudad bajo vigilancia policial. Con gran entusiasmo dedica esos meses a profundizar sus conocimientos en derecho, teoría social y marxismo. Pasado algunos años rendiría finalmente sus exámenes de Derecho en San Petersburgo. Los años posteriores estarían marcados por su volcamiento a la lucha política, conformando círculos marxistas, organizando huelgas, agitando y escribiendo; por entonces participa activamente en el grupo Unión de lucha por la emancipación de la clase obrera, una de las organizaciones que darían paso tiempo después, a la conformación del POSDR. Esta agitada actividad política le valdría la detención por parte de la policía zarista y una nueva relegación, esta vez a la aldea de Shúshenskoye en Siberia, a unos cuatro mil km de San Petersburgo. Afectado por el confinamiento, no se amilana y comienza un prolífico periodo de elaboración teórica a partir de los debates suscitados en el seno del naciente Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, así como en las discusiones entre las diversas tendencias marxistas difundidas por Europa.

Una vez concluido su estadía forzada en Siberia, se instala a las afueras de San Petersburgo, producto de la prohibición a los ex militantes de los grupos Unión de lucha de residir en las principales ciudades y centros industriales del país. Durante un tiempo se dedica a fortalecer las redes con los círculos socialdemócratas y madura la idea, fraguada en los días de exilio siberiano, de fundar un periódico marxista clandestino, que publique el proyecto de programa del partido y desenmascare las concepciones oportunistas de las tendencias “economistas”, pavimentando así el camino para la convocatoria al II Congreso del POSDR. Al cabo de un tiempo, Lenin se traslada a Suiza, en donde en diciembre de 1900 vería la luz el primer número del periódico Iskra.

Ya en 1905, y luego del domingo sangriento[ii], estallan en los principales centros de Rusia movilizaciones multitudinarias de obreros; la autocracia tambalea y se ve obligada a convocar a la Duma y otorgar, en el papel, algunas libertades políticas. En dicho contexto Lenin regresa al país, poniéndose al frente del trabajo partidario. Sin embargo, hacia 1907, el levantamiento es aplacado, y nuevamente Ilich vuelve al exilio. Los aprendizajes de este periodo, en términos de organización y actividad del partido, así como en lo relacionado a los aspectos teórico-prácticos de la lucha revolucionaria y la conquista del poder, serían significativos de cara a la Revolución de Octubre.

Años después, en agosto de 1914, la primera Guerra Mundial se detona generando una importante división en el movimiento, producto de las posiciones chovinistas y de colaboracionismo adoptadas por sectores de la socialdemocracia en distintos países de Europa; frente a eso Lenin defiende el principio de solidaridad internacional de los trabajadores y reivindica la necesidad de derrotar, en el contexto de la guerra capitalista, a la autocracia rusa que había lanzado a la guerra al pueblo. Cruzando dificultades económicas en el exilio, y sin dejar la actividad política, durante esos años publica su destacada obra El Imperialismo, fase superior del capitalismo.

Cerca de quince años, sin contar su breve estadía en los sucesos de 1905 – 1907, completaba Lenin en el exilio cuando estallaron los sucesos de febrero de 1917, en donde en un nuevo auge de movilizaciones el pueblo consigue la caída del zarismo dando paso al Gobierno Provisional. Pero para Ilich el proceso debía profundizarse, posición que defendió en las llamas Tesis de abril, donde expresó el plan de lucha para transformar la revolución democrático-burguesa en una revolución socialista. Los siguientes meses serían de intensa lucha ideológica en el seno del movimiento obrero. Hacia octubre la balanza se había inclinado. ¡Todo el poder a los Soviets! era la consigna. Luego los preparativos, el Comité Militar Revolucionario, Smolny, y la toma del Palacio de Invierno.

Durante su inagotable actividad política, que creímos indispensable resumir a modo de reseña, Ilich fue configurando y consolidando una experiencia teórico-práctica que daría un impulso único a la historia del pensamiento marxista y su práctica revolucionaria; la concepción de partido de vanguardia y el respectivo problema de la organización, el análisis en torno al imperialismo, su conceptualización del Estado como aparato de dominación de clase, el despliegue de categorías para el análisis del momento político, la concepción del papel de la agitación y la prensa, la determinación de los factores en el proceso revolucionario, la dialéctica partido-masa, entre otras, son algunos de los ámbitos de su contribución.

En referencia de esa rica experiencia que constituye un robusto marco de referencia, en el prólogo a Lenin y la juventud, una breve selección de textos editado en agosto de 1972 por la Quimantú, la por entonces Secretaria General de la Jota y diputada, compañera Gladys Marín, escribía:

“Consciente de que la emancipación de los trabajadores ha de ser obra de los propios trabajadores, Lenin dedica su vida por entero a la realización del papel histórico revolucionario del proletariado, la única clase consecuentemente revolucionaria, demostrando que la política proletaria conjuga la firmeza de principios con la flexibilidad táctica, con el aprovechamiento de todas las formas de lucha, de todas las contradicciones en el campo del enemigo. Que el papel hegemónico del proletariado es inseparable de una amplia política de alianzas, que el golpe contra el enemigo requiere agrupar fuerzas, tomar en consideración los intereses de las demás clases y capas de la sociedad, todo esto ligado al hecho de que la lucha por la democracia y el socialismo no son excluyentes y que la clase obrera representa los intereses de una democracia con carácter distinto, superior, que abre posibilidades a la inmensa mayoría de la sociedad, y no formalmente como la democracia burguesa.”[iii]

Casi medio siglo ha pasado desde ese sencillo prólogo; en dónde atravesamos por diecisiete largos años de una Dictadura cívico-militar que configuró un modelo neoliberal radical en nuestro país, impuesto a sangre y consagrado principalmente en la constitución del 80’, que hoy buscamos derribar. Sin embargo, lo señalado allí por Gladys continúa siendo plenamente vigente, más aún en perspectiva y a la luz de la coyuntura política detonada en Chile el dieciocho de octubre pasado. No por nada las concepciones de Lenin allí resumidas han orientado, en diversos procesos y latitudes a lo largo de la historia reciente, la práctica política revolucionaria de millones de mujeres y hombre en aras de su emancipación.

La asimilación y puesta en práctica de dichas experiencias constantemente desafía a las y los jóvenes comunistas, en especial, en relación con el desarrollo del movimiento juvenil y el papel que buscamos este asuma en lucha política del presente. Al respecto agregaba Gladys:

“La juventud encontrará en Lenin una fuente inagotable. Su concepción del movimiento juvenil, teniendo como centro a los jóvenes trabajadores, su audacia en el trabajo hacia la juventud, su visión del movimiento juvenil como afluente del movimiento revolucionario, la necesidad de ganar a la inmensa mayoría de la juventud para las posiciones del proletariado, son cuestiones de gran actualidad e importancia en la lucha de clases en nuestro país hoy[iv]

Es dicha fuente inagotable a la cual debemos recurrir para abordar los problemas candentes de nuestro tiempo.  Poner bajo esta lupa la Revuelta popular iniciada en octubre pasado, para examinar con detenimiento la realidad, y así generar condiciones que garanticen avances en las posiciones del movimiento popular, parece ser un imperativo. Más aún cuando día a día vemos en nuestro país como el modelo evidencia sus contradicciones y profundiza los costos hacia la clase trabajadora a la sazón de la actual crisis sanitaria, develando el rostro más miserable del capitalismo en su actual fase. Su contribución también se manifiesta en nuestra propia historia partidaria, a lo largo de la cual hemos desarrollado una serie de experiencias relativas a la aplicación de la tradición leninista que nos configura. Estudiar y desplegar dicho acervo en el actual contexto de lucha adquiere también renovada relevancia.

La trayectoria del movimiento popular y la clase trabajadora, de sus tácticas y estrategias, así como de sus anhelos; en nuestro país, Latinoamérica y el mundo no pueden disociarse de la creación política, tanto teórica como práctica, de Lenin. Este hecho lo sitúa hasta hoy en las conciencias y corazones de millones de habitantes de la tierra, que, bajo la supremacía de un capitalismo en crisis, no renuncian a la necesidad de subvertirlo, y concretar así los sueños de revolución.

A 150 años del nacimiento de Vladimir Ilich Uliánov, recordamos hoy a Lenin, el hombre de alto clima, de corazón de fuegos dominados.[v]

 

Victor D. Salamanca

Egresado de Sociologia UCH

Miembro del Comité Central 

Juventudes Comunistas de Chile


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[i] Actual Uliánovsk. Renombrada así en el año 1924 en honor a Lenin.

[ii] Se denomina así a la matanza ocurrida el domingo 9 de enero (calendario juliano) de 1905 en las calles de San Petersburgo, frente al Palacio de Invierno, en donde una masiva manifestación obrera fue salvajemente reprimida, finalizando con centenares de muertos y heridos.

[iii] Marín, Gladys. (1972). Prólogo a Lenin y la juventud. Quimantú.

[iv] Ibid., p. 10

[v] Así lo catalogó Vicente Huidobro en su Elegía a la muerte de Lenin, de 1924.