Llegó junio, tercer mes de pandemia y las cifras no dan tregua. En el primer día del mes, Chile superó sus récord en nuevos casos y personas fallecidas tras el contagio de covid-19.

La crisis económica ya evidencia la cara más cruda de las egoístas decisiones asumidas por el Gobierno: más de medio millón de familias tendrán que pasar el mes con menos de la mitad del sueldo gracias a la Ley de “protección” al empleo.

En aquellas casas donde se percibía un ingreso mensual de 350 mil pesos, a fines de mayo este pago no superó los 160 mil, financiadas -vale aclarar- por los mismísimos ahorros del trabajador o trabajadora.

A esto se suma que, según el último reporte trimestral del INE, más de 800 mil familias comenzarán el invierno con uno o más integrantes del hogar sin trabajo.

Cuando decimos que nuestro pueblo “tiene hambre” no estamos levantando una consigna cliché o “setentera”, sino que aludimos al real abandono en el que quedó la gran mayoría de chilenos y chilenas en esta pandemia.

Nos referimos a los cientos de miles de familias que viven en aquellos barrios del patio trasero, oculto y abandonado de las grandes ciudades de Chile. Tan oculto, abandonado, y trasero el patio, que la semana pasada vimos a un ministro de Estado, médico de la Chile con master en Canadá, acongojarse en un matinal, sorprendido del nivel “de pobreza y hacinamiento” de quienes resisten entre flagelos y dolores.

Nuestro pueblo tiene experiencia en resistir e idear la ciencia y estrategia de sortear eso que todos lo días se resuelve en un hogar: la misión de llegar a fin de mes. Pero hoy, la solución se convierte en una tarea colectiva a resolver en comunidad. La red se despliega y se activa.

A lo largo de todo Chile, han nacido iniciativas solidarias que tienen como objetivo resolver las urgencias del barrio utilizando la principal herramienta que tenemos a mano, la organización social.

En Calama, cada martes y viernes se reúne un grupo de vecinos y vecinas a cocinar el menú que almorzarán 70 niñas y niños y adultos mayores de la población Los Balcones. Con guantes y mascarilla llegan los comensales en busca de una sabrosa carbonada o un rico pollo asado. Al calor de la olla común, la tarea está cumplida.

A la misma hora, en Chiguayante, dos equipos están recolectando donaciones y organizando las compras que darán impulso a la campaña “Sólo el pueblo ayuda al pueblo” del Centro cultural Avíspate Chiguayante, que cada fin de semana entrega entre 15 y 20 canastas de ayuda a familias de la comuna.

Los esfuerzos colectivos se vuelven imprescindibles para miles de familias que hoy requieren de todos y todas quienes tengan una mínima posibilidad de colaborar.  La invitación es a involucrarnos, a reconocernos actores de cambio. A encontrarnos en la convicción de que a pesar del abandono de un gobierno indolente, no estamos solos.

La tarea solidaria podrá combatir los efectos colaterales de la pandemia sólo si todos y todas nos animamos en algún momento a ser parte de la red.

 

Matías Muñoz Valdebenito
Ingeniero Civil Metalúrgico UdeC

Miembro Comité Central JJCC