Debemos partir de la base que estamos atravesando una pandemia sin precedente, sin respuestas absolutas y con desafíos a cada segundo que pasa. Desde esa base, resumida antojadizamente, es que necesitamos comenzar por abrazar a cada persona que está activando y aportando a combatir una problemática real que ignoran los informes gubernamentales sobre el avance del COVID19. El hambre, el problema que no espera y avanza fuertemente en los sectores más populares de la región metropolitana.

 

La hambruna está siendo contenida por la primera línea territorial, las y los activistas en contra del hambre se las ingenian día a día por ser correa transportadora de aportes que de manera solidaria se generan a través de redes sociales, sin ir más lejos la olla común de la población 5 Pinos organizada por su junta de vecinos y apoyada por diversos grupos motores -grupo motor es un concepto instalado en San Bernardo por Urbanismo Social en la experiencia del diseño participativo del proyecto regional de mejoramiento del Parque Metropolitano Sur, Cerros de Chena- ciudadanos e institucionales de San Bernardo ya supera los 20 días ininterrumpidos de entrega de raciones de almuerzo, desde el mediodía comienzan a llegar las y los comensales con sus recipientes, taper y ollas para recibir el fruto de un esfuerzo de múltiples voluntades, voluntades y disposiciones que demoraron menos que la iniciativa estatal en articular respuestas concretas para una necesidad tan concreta como el hambre. La solidaridad demostrada durante la pandemia es algo que ha impulsado a la organización popular a superar, en algunos casos, el oxidamiento que ha sido provocado por quienes impulsan el asistencialismo, entre otros males.

 

Nos encontramos en un momento donde el quehacer ha logrado dejar de lado algunos debates ideológicos y programáticos, que generaban distancias entre los diversos actores, para saber responder a la urgencia. La ejecución de cada iniciativa (olla común, entrega de mercadería, apoyos profesionales, entre otros) ha mostrado una evolución bastante considerable y digna de analizar, partiendo por la desinfección de poblaciones hasta estar resolviendo una necesidad tan básica como la alimentación. Es momento de que las diversas iniciativas de voluntariado puedan sentarse territorialmente a conversar, a compartir iniciativas, sacar enseñanzas al limpio y construir las bases de la resistencia popular a la pandemia y al gobierno empresarial y dictatorial, que privilegia el interés de los dueños del país por sobre la totalidad de habitantes que viven en él, así como también depredar el medio ambiente condenando a sequías a unos y a vivir en lugares donde no se puede respirar por las industrias aledañas a otras.

 

Reconocimiento al voluntariado: el rol de los y las voluntarios es vital, en particular para alimentar a una parte no menor, y en crecimiento, de la población.

 

●    Creación de un catastro nacional de organizaciones de voluntariado.


●     Permiso Especial de desplazamiento para Voluntarios y Voluntarias, es prioritario contar con permisos especiales para las personas que estén ayudando, hecho ya solicitado por más de 140 organizaciones junto a la bancada del Partido Comunista en la cámara de diputados y diputadas.

 

●     Promover la organización popular, no reprimirla como pasa en el caso de la comuna de San Bernardo donde su alcaldesa amenaza a los y las dirigentes que quieren levantar iniciativas como ollas comunes en los barrios.

 

●     Que los municipios distribuyan mercadería en las diversas ollas comunes que estén presentes en el territorio.

 

●      Levantar mesas de trabajo de los gobiernos locales con las organizaciones que están levantando iniciativas solidarias, así poder adoptar las medidas que el mismo territorio está censando.

 

●      Capacitación a las y los encargados de las ollas comunes en temas sanitarios y nutricionales.

 

●    Articulación entre organizaciones de terapias alternativas de salud y la primera línea de esta pandemia, ya que la salud mental de estas personas está siendo ignorada brutalmente.

 

 

Como resultado conoceremos el alcance y el aporte que pueden generar los voluntarios en el combate de la pandemia, estas organizaciones deben ser tomadas en cuenta, recogiendo las experiencias y el conocimiento profundo del territorio, la mayoría de veces.

 

Mejorar la articulación social entre las diversas organizaciones que están colaborando debe ser un horizonte alcanzable a mediano plazo, esto permitirá fortalecer y promover redes virtuosas y capaces de dar sustentabilidad a las comunidades que se organizan cada vez más, compartiendo experiencias o llevando el plato de comida caliente al hogar. En ese sentido, debemos apostar por dotar de la mayor cantidad de herramientas a las dirigencias que ingeniosamente sostienen las iniciativas territoriales que dignifican el pasar de la población en uno de los eventos más complejos que nos ha tocado vivir en las últimas décadas.

 

La dignificación del quehacer popular sin duda es una de las ganadas concretas de la revolución vivida desde el 18 de octubre, esta reivindicación ha permitido contener esta pandemia y dar respuestas más humanas a esta crisis, ya que este gobierno y el modelo que defienden no ha sido capaz de hacerlo. Esto nos recuerda la necesidad de una Nueva Constitución que contemple un estado garante de derechos sociales y que nos permita resistir de manera más digna cualquier pandemia o situación similar en un futuro.


Wladimir Bolton
Encargado de Voluntari@s de Dignidad para los Barrios San Bernardo.