Antes que todo, quisiera aclarar que no provoca gran satisfacción en mi usar la palabra enemigo, mas para efectos de entender porqué el movimiento popular no ha sido satisfactoriamente escuchado, es necesario ocuparla.

 

Identificar cuál es ese enemigo, no sólo pavimenta un camino de avanzada en la sociedad, sino que además estructura, más sólidamente, un discurso propio.

 

El enemigo se encuentra, generalmente, del otro lado, pero esta vez también está del nuestro. En los años 80 hubo un claro consenso de que había que derrocar la dictadura y volver a la democracia. Se derrocó la dictadura, pero en los años 90 y 2000, la socialdemocracia no avanzó lo que se creyó que podía avanzar.

 

La educación no tuvo un amplio debate, sino sólo hasta el 2011, cuando caudillescamente, surgen figuras como Camila Vallejos, Giorgio Jackson y Camilo Ballesteros y le dan fuerza a un tema que hasta entonces sólo aparecía de forma intermitente y como punta de iceberg de un problema mucho más profundo.

 

Temas tan importantes como los relacionados a las minorías sexuales, al aborto, a la despenalización de la marihuana no fueron tema de debate público sino sólo hasta hace algunos años.

 

La democratización y promoción del deporte no fueron parte imperante de la agenda política. Mucho menos la democratización de la cultura. Y mucho menos acercar la ciencia a las personas.

 

Se debe tener claro que hay gente que, desde nuestra vereda, teniendo la posibilidad de impulsar proyectos, de formar comunidad, de instalar un debate pertinente y a la altura de las circunstancias, no lo hace.

 

Por lo tanto, en este minuto, nuestra alianza, es con quien tenga la misma voluntad que nosotros: superar la crisis con políticas ad hoc, formular políticas públicas que satisfagan las demandas sociales y poder, finalmente, superar el capitalismo.

 

Todos tenemos un enemigo común, pero a veces, el enemigo está de nuestro lado.


Pablo Gutiérrez