El año 2019 finalizó con el brote del covid-19 en la provincia de Wuhan, China, desde donde pudimos contemplar una rápida propagación y un alto nivel de mortalidad de este nuevo tipo de coronavirus, situación acentuada producto de las malas prácticas de distintos gobiernos a lo largo y ancho del globo. Quedó al desnudo, así, el peligro que significa el capitalismo.

Durante el avance del virus, vimos distintas respuestas de los gobiernos frente a esta crisis sanitaria, donde claramente las soluciones se vieron permeadas de los sistemas imperantes en sus respectivos territorios. Mientras las y los médicos proponían como solución que las personas se quedaran en casa para evitar una propagación mayor, la clase trabajadora no podía darse este lujo, producto del abandono del estado neoliberal.

Capitalismo y covid-19

Luego que el virus se expandiera por todo el planeta, evidenciamos la violencia implícita que propone el modelo, expresado en distintos países y con características diversas. ¿Existen similitudes entre esta pandemia y el capitalismo?

El capitalismo, al igual que el covid-19, posee caracteres desterritorializados, tienen inmensidad global, aprovechan el 100% de los distintos recovecos que encuentran a su paso y se insertan dentro de distintas sociedades, infectando todo a su paso. El mundo al tener una basta cantidad de naciones capitalistas, o con aspiraciones del mismo sistema, ha tenido respuestas locales que han sido ineficaces y muy limitadas, respondiendo asi, a la esencia prima del capitalista, quienes no tienen otra patria más que su beneficio.

Tomaremos como ejemplo a países líderes en materia económica en sus respectivos continentes. EEUU, Italia y Brasil, tienen diferencias abismales respecto de su estructura como nación; sin embargo, tienen un camino similar sobre el avance que tuvo el virus en sus países, debido al retraso de las decisiones cruciales para generar un punto de receso en la expansión de este mismo, donde primó el interés económico de las grandes empresas al mando de personas vinculadas directamente al gobierno por sobre el valor de la vida misma.

Tanto EEUU, como Brasil, al mando de presidentes empresarios, han tenido un enorme déficit de respuestas para enfrentar la pandemia, cayendo en el característico negacionismo medular de los y las capitalistas, exhibiendo a sus clases trabajadoras a las garras del capitalismo y del coronavirus. Han promovido supuestas curas milagrosas provocando que muchas personas recurran a medidas de automedicación, sin haber pasado por personal de las áreas de la salud.

 

Cruzando el Atlántico, en Italia, las autoridades desestimaron desde el comienzo del virus su real potencial mortífero, reabrieron centros de espacios comunes, como el Duomo de Milán,y tuvieron demoras completamente irresponsables respecto al cierre de colegios y universidades. Qué decir del cierre de las empresas no esenciales, las que fueron cerradas recién el 22 de marzo, cuando este país ya alcanzaba los 9.172 contagios y 463 personas fallecida.

 

Resulta enormemente importante asociar la dinámica viral que posee el capitalismo, el cual se expresa de manera imperativa en el control de los medios de comunicación a nivel mundial, la fácil construcción y proyección de la subjetividad, infectando a toda la vida humana son el virus del capitalismo y del neoliberalismo, virus que posee distintas dinámicas de contagios, quien encuentra refugio en sus enormes acumulaciones de capital.

Como vemos, en este recorrido global, el capitalismo, con su esencia destructora de la fuente de sus riquezas, y representado por gobiernos irresponsables, ha sido el principal motor de propagación de la pandemia que como humanidad estamos viviendo, manteniendo dentro de sí, dos aristas clásicas de este sistema en decadencia.

A nivel mundial, los gobiernos capitalistas, con el apoyo de las grandes empresas, han hecho  llamados de normalidad en la operación económica, protegiendo, salvajemente, sus intereses monetarios por sobre la salud y la vida de las personas. En segundo lugar, el actual sistema, privilegiando la protección de sus interés económicos e imperialistas, ha tenido como respuesta a esta crisis sanitaria, económica y social, la desprotección total de los más vulnerables y abandonados de siempre: las y los trabajadores, estudiantes, nuestras abuelas y abuelos; en síntesis, de toda la clase obrera internacional.

Basta una rápida mirada a las noticias internacionales para notar la inoperancia de los países que, bajo la tutela de los grandes empresarios, pretenden seguir engordando sus bolsillos, mientras la clase trabajadora muere por el virus, o morirán por las graves condiciones económicas y sociales en las que quedarán estos, y muchos otros naciones del globo.

Para los gobiernos capitalistas, la vida de los y las trabajadoras tiene peso cuando esta genera riquezas. Mientras tanto, hombres y mujeres serán explotados por los más ricos hasta que ya no quede ninguno en pie a su beneficio.

A diferencia del covid-19, el capitalismo si tiene una vacuna que puede hacerle frente, la cual descansa en la capacidad organizativa que posee la clase trabajadora para reunir las condiciones objetivas y materiales para destruir al verdadero virus, para acabar con la miseria de este virus mortal, salvando así a toda la clase trabajadora del mundo.

“El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”. Antonio Gramsci.


Benjamín Cofré Videla 

Poeta y Estudiante