Artículo de opinión: El retroceso democrático de Georgia requiere una acción inmediata de la UE
La crisis democrática de Georgia se está desarrollando en tiempo real, en las calles y dentro de las instituciones estatales. Como ex miembro del Parlamento de Georgia y líder de la oposición, he pasado 13 años enfrentándome a detenciones administrativas, multas y violencia física, mientras muchos de mis colegas siguen tras las rejas por cargos de motivación política.
Los últimos hallazgos del Mecanismo de Moscú, publicados en marzo por la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, confirman un patrón de marcado retroceso democrático, presión sobre figuras de la oposición, restricciones dirigidas a la sociedad civil y ataques físicos a periodistas.
Estos acontecimientos reflejan un proceso de captura del Estado: una transformación gradual pero deliberada de las instituciones que comenzó después de las elecciones parlamentarias de 2012, ganadas por una coalición liderada por el entonces partido de oposición Sueño Georgiano. Desde entonces, el poder se ha consolidado en torno a la influencia oligárquica prorrusa, debilitando la supervisión democrática y creando una apertura para Rusia.
Decenas de presos políticos son un duro recordatorio para la Unión Europea de que Bruselas debe actuar con decisión para asegurar a los ciudadanos georgianos un futuro en un país liberal y democrático con un camino creíble hacia la membresía en la UE.
Un manual postsoviético
La trayectoria de Georgia refleja un patrón observado en otros estados postsoviéticos, incluidos Rusia y Bielorrusia, donde todavía existen instituciones formales, pero el poder real se ha trasladado a redes informales que operan sin transparencia ni supervisión.
El poder judicial ofrece un claro ejemplo. Un pequeño grupo de jueces influyentes ha consolidado el control sobre los nombramientos y los mecanismos disciplinarios, creando un sistema cerrado en el que se recompensa la lealtad y se desalienta la independencia.
Los organismos encargados de hacer cumplir la ley operan de manera comparable. Se utilizan herramientas judiciales, detenciones arbitrarias y detenciones prolongadas contra opositores políticos y manifestantes para ejercer presión y disuadir la disidencia.
Iniciativas legislativas recientes dirigidas a partidos de oposición han prohibido a personas específicas participar en actividades políticas, mientras que una apelación ante el tribunal constitucional ha buscado ilegalizar partidos clave de oposición, incluidos el Movimiento Nacional Unido, Ahali y Lelo.
Las consecuencias para la UE
La erosión democrática de Georgia tiene implicaciones directas para Europa.
Durante mucho tiempo se consideró al país como uno de los socios más prometedores de la UE en la Asociación Oriental. Esa percepción se está desvaneciendo rápidamente y la confianza entre Tbilisi y sus socios occidentales se está desgastando.
Las relaciones con Estados Unidos se han deteriorado, mientras que varios socios internacionales han impuesto sanciones selectivas en respuesta al retroceso democrático y el fortalecimiento de la influencia rusa.
Para la UE, esto plantea un desafío estratégico. Si un país candidato puede mantener formalmente el lenguaje de la reforma y al mismo tiempo debilitar sistemáticamente la práctica democrática, entonces las herramientas tradicionales de la UE (diálogo político, asistencia técnica y apoyo financiero) corren el riesgo de perder su eficacia.
Si no se aborda, la trayectoria de Georgia podría tener implicaciones más amplias para las políticas de ampliación y vecindad de la UE en el este. A Tiflis se le concedió el estatus de país candidato en 2023, pero el gobierno detuvo el proceso de adhesión a la UE hasta 2028.
En las condiciones actuales, los procesos electorales ya han perdido gran parte de su sustancia democrática. Esto fue evidente en las elecciones parlamentarias de 2024, que fueron ampliamente disputadas a nivel nacional y que la OSCE consideró que no cumplían con los estándares democráticos clave.
La UE debería financiar directamente a los medios independientes, apoyar a los organismos de vigilancia cívica, contrarrestar la desinformación rusa mediante campañas basadas en hechos y proporcionar apoyo económico a los partidos de oposición y a los actores de la sociedad civil que enfrentan restricciones.
Bruselas también debería imponer sanciones específicas a los líderes políticos responsables del retroceso democrático, así como a las personas y redes que sostienen el régimen, incluidos familiares y aliados empresariales.
La demanda pública de democracia e integración europea sigue siendo fuerte en el país, lo que presenta tanto un desafío como una oportunidad para la UE.
Una respuesta más asertiva ayudaría a restaurar los estándares democráticos en Georgia y enviaría una señal clara de que el compromiso de la UE con la ampliación y los valores democráticos es creíble y ejecutable.