Artículo de opinión: Europa se enfrenta al momento de la verdad en la defensa de Ucrania
El próximo Marco Financiero Plurianual de la Unión Europea incluye hasta 100 mil millones de euros durante seis años para apoyar a Ucrania. Este es un compromiso serio. Pero se requiere honestidad: por sí sola, no es suficiente.
El contexto está cambiando rápidamente. Si Estados Unidos reduce su ayuda militar y financiera, Europa enfrentará un momento decisivo. Tendremos que elegir entre asumir la responsabilidad de nuestra propia seguridad o seguir viviendo bajo la ilusión de que alguien más intervendrá para proteger nuestro modelo democrático.
Sin embargo, mientras Kiev sigue resistiendo bajo una enorme presión, Europa sigue atrapada en una mentalidad de emergencia. La UE todavía depende de paquetes de financiación extraordinarios, instrumentos fragmentados (como la Asistencia Macrofinanciera movilizada anualmente, el instrumento de Ucrania y otros préstamos presupuestarios europeos) y garantías para respaldar los préstamos de instituciones financieras, incluidos el Banco Europeo de Inversiones y el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo.
Y, lo más importante, la toma de decisiones es demasiado lenta. Este enfoque ya no es sostenible.
Lo que se necesita es un cambio estructural: de la gestión de crisis a corto plazo a la responsabilidad estratégica a largo plazo, incluido convertir el apoyo a Ucrania en un pilar estructural de la Unión Europea de Defensa propuesta por la Comisión Europea en el próximo MFP.
Pasos vacilantes hacia adelante
El nuevo MFP incluye medidas positivas. Ofrece apoyo plurianual a Ucrania, integra la defensa y la seguridad convirtiéndolas en una prioridad central y duradera de inversión de la UE, principalmente a través de un nuevo Fondo Europeo de Competitividad que dedica un presupuesto cuantioso y estable a las capacidades de defensa, seguridad y espacio. También amplía herramientas comunes como el Mecanismo Conectar Europa para la movilidad militar y la infraestructura de doble uso y alinea los programas de investigación para apoyar tecnologías relevantes para la defensa.
En general, se está pasando de una financiación fragmentada y ad hoc a una financiación coordinada a nivel de la UE de capacidades, infraestructuras y capacidades industriales conjuntas. Sin embargo, el MFP todavía carece de una visión estratégica que refleje plenamente la realidad geopolítica actual.
Europa ya gasta enormes sumas en defensa, pero de manera ineficiente e incoherente. Veintisiete sistemas diferentes, capacidades industriales superpuestas, cadenas de suministro débiles y fragmentadas. Los estados miembros de la UE operan al menos 17 tipos diferentes de tanques de batalla y 20 modelos de aviones de combate, mientras que Estados Unidos utiliza sólo unos pocos. Esto impulsa los costes de investigación y desarrollo, adquisiciones, mantenimiento, formación y repuestos, lo que significa que Europa paga más por unidad por menos interoperabilidad.
La UE necesita una auténtica política industrial de defensa: adquisiciones conjuntas, interoperabilidad real, inversión coordinada en tecnologías críticas y una base industrial europea más fuerte.
Sobre todo, lo que falta es valentía política. No podemos pedirle a Ucrania que siga luchando mientras sigamos paralizados por los vetos nacionales. No podemos hablar de autonomía estratégica sin asignar los recursos necesarios. No podemos pretender defender los valores europeos si no estamos dispuestos a respaldarlos con acciones concretas.
El apoyo a Ucrania debe convertirse en un pilar fundamental de la estrategia de seguridad de Europa, no en una línea presupuestaria secundaria que se debate año tras año. Esto requiere opciones inevitables: revisar las prioridades de gasto, superar la unanimidad en decisiones clave de seguridad y dotar a la UE de instrumentos financieros permanentes y creíbles.
Configurando el futuro europeo
La credibilidad de Europa está en juego. Si no respaldamos a Ucrania, enviamos una señal peligrosa a Moscú y a todos los actores dispuestos a poner a prueba la determinación europea. Un resultado así invitaría a una mayor agresión, una mayor inestabilidad y nuevos intentos de coerción.
Este debate a menudo se plantea como uno de solidaridad, pero también trata sobre la capacidad de la UE para operar como actor político y de seguridad en un mundo más hostil y menos predecible. Un fracaso pondría en riesgo todo el proyecto europeo.
Este es el momento de la verdad para Europa.