Artículo de opinión: La autarquía digital es un callejón sin salida para Europa

Artículo de opinión: La autarquía digital es un callejón sin salida para Europa

La búsqueda de la autosuficiencia tecnológica puede parecer estratégica. Pero la resiliencia depende de asociaciones confiables, infraestructura compartida e interdependencia.
Vista aérea del complejo del centro de datos de Meta en Odense, Dinamarca, 13 de septiembre de 2025. (Amazing Aerial)

En marzo, los ataques con drones iraníes contra centros de datos de Amazon en los Emiratos Árabes Unidos y Bahréin sentaron un precedente: la infraestructura digital crítica se convirtió en un objetivo militar. Sin embargo, la resistencia de las redes estadounidenses evitó un colapso total.

Mientras tanto, los debates sobre la independencia digital se están intensificando en toda la Unión Europea.

A principios de 2026, Miguel De Bruycker, director del Centro de Ciberseguridad de Bélgica, advirtió que Europa efectivamente había “perdido Internet”. Las empresas estadounidenses dominan la computación en la nube, las plataformas de inteligencia artificial, los sistemas operativos y gran parte de la infraestructura digital que sustenta la ciberseguridad de Europa, lo que deja al continente muy dependiente.

En 2024, el mercado de la nube en Europa alcanzó los 61.000 millones de euros, pero los proveedores europeos sólo poseían alrededor del 15%. Amazon, Microsoft y Google representaron aproximadamente el 70%.

La Comisión Europea es consciente de la brecha. Su Plan de Acción Continental de IA y su propuesta de Ley de Desarrollo de la Nube y la IA tienen como objetivo triplicar la capacidad de los centros de datos de la UE en los próximos cinco o siete años y respaldar nubes soberanas que mantengan los datos confidenciales bajo control nacional o regional.

Sin embargo, Europa debe enfrentar la realidad: carece de décadas de desarrollo tecnológico y de billones de dólares en inversión necesarios para reemplazar las tecnologías estadounidenses sin sacrificar la competitividad o la seguridad.

El dilema de la soberanía digital de Europa

Según el Centro de Análisis de Políticas Europeas, lograr la plena soberanía digital costaría, de manera conservadora, 3,6 billones de euros durante la próxima década, aproximadamente el 20% del producto interno bruto anual de la UE. La estimación incluye instalaciones de semiconductores, desarrollo de software y hardware, servicios digitales y la contratación de mano de obra cualificada.

Sin embargo, la soberanía moderna no se trata de autarquía; se trata de control.

Incluso Francia, en su Estrategia Nacional de Ciberseguridad 2026-2030, eligió la “interdependencia selectiva” en lugar del aislamiento. Chipre se hizo eco de esta lógica durante su Presidencia del Consejo de la UE con el lema: “Una Unión Autónoma. Abierta al Mundo”.

La búsqueda de una autonomía digital total no sólo es poco realista para Europa sino también potencialmente peligrosa.

Los sistemas aislados siguen siendo vulnerables a ataques físicos y fallas tecnológicas. Construir un ecosistema digital totalmente independiente requeriría recursos de los que Europa carece actualmente, especialmente en medio del aumento del gasto en defensa en respuesta a la agresión rusa.

La experiencia de Ucrania durante la invasión a gran escala de Rusia demuestra por qué son importantes los sistemas distribuidos.

A principios de 2022, Ucrania permitió que se almacenaran datos estatales críticos en entornos de nube extranjeros. Esto redujo el riesgo de que un solo ataque inhabilitara todo el sistema y ayudó a mantener las operaciones del gobierno en funcionamiento incluso si la infraestructura local fuera destruida.

Estonia adoptó un enfoque similar después de los ciberataques de 2007. En 2017, estableció la primera “embajada de datos” del mundo en Luxemburgo, una instalación segura que almacena copias de seguridad de registros nacionales esenciales bajo protecciones como la inmunidad diplomática.

Hacia una alianza tecnológica

Estos ejemplos muestran que los intereses de ciberseguridad de Europa se benefician mejor de la resiliencia que de la independencia absoluta. La infraestructura compartida distribuye costos y riesgos de manera más efectiva.

Por eso Europa debería buscar la interdependencia soberana en lugar del aislamiento tecnológico.

Una estrategia de este tipo incluiría tanto a los Estados miembros de la UE como a socios no pertenecientes a la UE, como Estados Unidos, el Reino Unido, Canadá y Australia. El objetivo es crear una red confiable de aliados que compartan tecnologías, infraestructura y responsabilidades de seguridad.

Fundamentalmente, este modelo funcionaría en ambos sentidos.

Europa seguiría dependiendo en parte de las tecnologías estadounidenses de nube e inteligencia artificial, mientras que Estados Unidos y otros aliados aprovecharían las fortalezas europeas críticas en equipos de fabricación de semiconductores, como la litografía ultravioleta extrema, así como en ciberseguridad, marcos regulatorios y capacidad industrial.

El cambio planificado de Ucrania hacia tecnologías 5G europeas, alejándose de los proveedores chinos, ya ilustra esta interdependencia.

Este enfoque requiere tres salvaguardias. En primer lugar, Europa necesita un control riguroso de los proveedores, los inversores y las cadenas de suministro.

En segundo lugar, debería ampliar la arquitectura híbrida (nubes soberanas, centros regionales y embajadas de datos) para que los sistemas críticos no se concentren en un solo lugar.

En tercer lugar, las normas de la UE, como el Reglamento General de Protección de Datos y la Ley de IA, deberían proteger los derechos y la seguridad sin bloquear los flujos de datos transfronterizos seguros.

La soberanía digital sólo puede fortalecer a Europa si se aborda de manera pragmática.

Aprovechar las alianzas globales y al mismo tiempo conservar el control sobre elementos críticos puede transformar la vulnerabilidad digital en fortaleza estratégica, garantizando estabilidad y autonomía en un mundo interconectado.