Artículo de opinión: Europa debe competir en la nueva carrera espacial, no sólo regular

Artículo de opinión: Europa debe competir en la nueva carrera espacial, no sólo regular

La Ley Espacial de la UE debe adoptar un doble enfoque: catalizar la inversión y establecer normas reconocidas a nivel mundial.
Conferencia Anual Europea sobre el Espacio, Bruselas, Bélgica, 27 de enero de 2026. (LE PICTORIUM/Alamy Live News)

La Unión Europea está siendo testigo de una nueva carrera espacial. Mientras que en las décadas de 1960 y 1970 se enmarcó en la dinámica de bloques y la competencia de la Guerra Fría, la contienda actual se define por la creciente presencia del sector privado.

El espacio ya no es dominio exclusivo de los estados o de las agencias internacionales. Se ha convertido en un dominio compartido, donde un pequeño círculo de empresas líderes, respaldadas por importantes recursos financieros, pueden construir satélites, lanzarlos de forma independiente y realizar actividades plenamente comerciales en órbita.

Si bien esta tendencia refleja la democratización del espacio, también pone de relieve un entorno orbital congestionado. Combinado con una intensa competencia y la militarización del espacio, esto está aumentando la presión sobre el dominio orbital. Las cifras son reveladoras: hoy en día hay alrededor de 11.000 satélites en órbita y en 2035 esa cifra podría superar los 50.000.

Esto crea desafíos para la seguridad orbital, con implicaciones directas para la seguridad en la Tierra. Proteger la infraestructura espacial es esencial para garantizar la prestación de servicios fundamentales en tierra, como la navegación por satélite, el apoyo a la tecnología agrícola y la mitigación de desastres naturales.

Es precisamente esta necesidad la que la Ley del Espacio de la UE busca abordar: garantizar mayor seguridad y reglas claras para un sector que no debe convertirse en un “territorio sin ley”, sino que debe regirse por un conjunto de reglas básicas de enfrentamiento.



Por fin una prioridad europea

Sin embargo, las normas contenidas en la Ley del Espacio no deben resultar excesivamente gravosas para la industria. Europa no puede permitirse regular de forma aislada mientras otros no lo hacen. Por esta razón, la legislación debería guiarse por dos principios adicionales.

En primer lugar, la Ley del Espacio debe funcionar como un marco legislativo propicio. En el marco del Fondo Europeo de Competitividad propuesto en el próximo presupuesto a largo plazo, se asignan 131.000 millones de euros a la seguridad, la defensa y el espacio, lo que refleja su nuevo estatus como principales prioridades europeas.

Durante años, Europa ha invertido insuficientemente en estos campos. Hoy, el panorama global requiere un replanteamiento de este enfoque y una acción decisiva para salvaguardar los activos estratégicos.

Programas vinculados como Horizonte Europa apoyan al sector espacial, en particular reforzando la investigación y la innovación. Sin embargo, esto no es suficiente: es necesario desbloquear todo el potencial de la industria europea. Las reglas demasiado rígidas no son la respuesta.

En cambio, lo que se necesita es un ecosistema espacial capaz de expresar su potencial, realizar investigaciones e innovar y fortalecer la autonomía estratégica europea, incluso en lanzadores y capacidades de defensa basadas en el espacio.

La Ley Espacial debe cumplir estos objetivos y crear las condiciones para que empresas de todos los tamaños crezcan dentro de una economía espacial en auge.

Importantes contratistas como Leonardo, Thales y Airbus han firmado recientemente un memorando de entendimiento para crear un “campeón industrial espacial” destinado a impulsar inversiones innovadoras en capacidades satelitales de alrededor de 10 mil millones de euros.

Sin embargo, esto también se aplica a una red de pequeñas y medianas empresas que cada vez más impulsan la innovación en lugar de simplemente servir como componentes de la cadena de suministro. Un ejemplo relevante es Isar Aerospace, una startup alemana que produce cohetes para lanzar satélites europeos.

En segundo lugar, en el contexto de una creciente congestión orbital, la Ley del Espacio debe apoyar el desarrollo de estándares internacionales compartidos sobre gestión del tráfico espacial, mitigación de desechos, prevención de colisiones e intercambio de datos. No basta con establecer normas a nivel europeo únicamente para los operadores europeos o aquellos que operan en Europa.

Por un lado, esto colocaría a la UE en desventaja competitiva a nivel mundial. Además, no abordaría la congestión orbital.

Por esta razón, la Ley del Espacio debería servir como el primer paso en un proceso internacional más amplio destinado, a mediano y largo plazo, a establecer un marco global compartido básico para garantizar un entorno espacial seguro y sostenible.

Es hora de crear el equivalente espacial de la Conferencia de las Partes para el medio ambiente, y la UE debe tomar la iniciativa.