Artículo de opinión: Europa tiene un Pacto Oceánico; ahora necesita un presupuesto a la altura

Artículo de opinión: Europa tiene un Pacto Oceánico; ahora necesita un presupuesto a la altura

El nuevo Pacto Oceánico de la Comisión Europea ha elevado las ambiciones de la UE para la gobernanza de los océanos, pero el próximo presupuesto a largo plazo determinará si están respaldadas por la financiación necesaria para lograr cambios significativos en el mar.
Fort National en St-Malo, Bretaña, Francia, 15 de septiembre de 2025. (Frank Nowikowski)

El Pacto Europeo sobre los Océanos, presentado el año pasado por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en la tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Océanos, estableció una visión ambiciosa para la gobernanza de los océanos.

Que esa visión se convierta en realidad no sólo dependerá de la Ley Oceánica Europea, una propuesta legislativa en el marco del Pacto Oceánico que se espera para finales de este año fortalezca la coherencia entre las políticas oceánicas.

Fundamentalmente, también requerirá dinero. Sin una financiación adecuada, el Pacto de los Océanos corre el riesgo de convertirse en un “pacto de papel”: un marco político prometedor sin los medios para lograr cambios tangibles en el mar.

El marco financiero plurianual propuesto por la Comisión para 2028-2034, presentado en julio de 2025, refleja una nueva era política marcada por la competitividad, la seguridad, la desregulación y la presión geopolítica.

La propuesta de presupuesto a largo plazo ha entrado ahora en la fase de discusión tanto en el Consejo Europeo como en el Parlamento. Sin embargo, tal como está, en el mejor de los casos sigue siendo un tono azul pálido.

Recursos insuficientes en el próximo MFP

El ejemplo más claro es la dotación reservada de 2.000 millones de euros para la política marítima y pesquera en el marco de los Planes de Asociación Nacional y Regional, un instrumento básico de ejecución del próximo presupuesto de la UE.

Esta cantidad está muy por debajo de la ambición del Pacto de los Océanos de hacer del océano una prioridad estratégica para el futuro medioambiental, económico y geopolítico de Europa. Lo que es aún más preocupante es que existe una posibilidad real de que, en última instancia, los recursos se reduzcan únicamente a apoyar la política pesquera.

La Política Pesquera Común sigue siendo un pilar esencial de la gobernanza de los océanos de la Unión Europea. Sin embargo, la agenda oceánica actual se extiende mucho más allá de la pesca y abarca la resiliencia climática, la energía, el comercio, la investigación, los sistemas alimentarios, la seguridad marítima y la influencia política.

Una perspectiva estratégica tan amplia fue la razón fundamental del Pacto sobre los Océanos, y el presupuesto debería reflejarla.

Más allá de esta dotación específica, la Comisión sostiene que los objetivos relacionados con los océanos se reflejan en toda la arquitectura más amplia del MFP, en particular a través de recursos de cohesión, instrumentos de competitividad, programas de investigación y acción exterior.

Sin embargo, gran parte de este apoyo sigue siendo incierto, indirecto o supeditado a futuras decisiones políticas de los Estados miembros. El océano está presente en toda la propuesta, pero rara vez como una prioridad política clara por derecho propio.

Esta desconexión es sorprendente dado el impulso político en torno a la gobernanza de los océanos generado por el Pacto de los Océanos y su próxima traducción legislativa a través de la Ley de los Océanos, que representa una oportunidad única para convertir las ambiciones en normas vinculantes de la UE.

Hacia una Unión Oceánica Europea

Si se pretende que la Ley de los Océanos se convierta en la columna vertebral operativa de una auténtica Unión Europea de los Océanos, el presupuesto debe proporcionar los recursos para sostener esa transformación.

El Parlamento ya ha señalado la necesidad de corregir el rumbo al proponer un aumento del fondo específico de 2 euros a alrededor de 7.300 millones de euros, en consonancia con el gasto marítimo y pesquero actual en el marco del MFP existente, ajustado a la inflación.

Si bien representa una corrección necesaria, la próxima fase de negociaciones debe fortalecer aún más tanto la ambición como la alineación con el Pacto de los Océanos.

Un presupuesto específico para el Pacto de los Océanos y la futura Ley de los Océanos podría promover múltiples objetivos a la vez: financiar la conservación y la restauración, apoyar sectores sostenibles de la economía azul y desviar el apoyo público de los subsidios ambientalmente dañinos hacia la pesca en pequeña escala y de bajo impacto.

Dicha inversión sería particularmente importante en cuencas marinas vulnerables como las del Báltico y el Mediterráneo, donde el deterioro de los ecosistemas marinos está afectando cada vez más a la biodiversidad, la pesca y los medios de vida costeros.

La inversión dirigida también generaría importantes beneficios económicos. La evidencia muestra que cada euro invertido en la gestión sostenible de los océanos puede generar al menos cinco euros a cambio.

No hay contradicción entre fortalecer la competitividad, la seguridad y la resiliencia de Europa e invertir en el océano.

El océano es el espacio a través del cual Europa comercia, protege sus fronteras, desarrolla energías renovables, proyecta influencia geopolítica y responde a las alteraciones climáticas. La UE no puede aspirar a convertirse en una potencia marítima creíble y al mismo tiempo tratar la financiación oceánica como algo secundario.

El próximo presupuesto de la UE determinará si el Pacto de los Océanos se convierte en un auténtico proyecto estratégico o sigue siendo otra ambición política sin los medios para lograrlo.