Artículo de opinión: Europa es el último baluarte de Occidente contra la discriminación de género
En un momento en que Estados Unidos y varios países occidentales se están alejando de marcos de igualdad de larga data, la Unión Europea se erige como un garante fundamental de los principios de igualdad de género basados en el derecho internacional.
Los recientes retrocesos globales de las políticas de diversidad, equidad e inclusión –una tendencia impulsada en gran medida por Washington– demuestran que el progreso no puede darse por sentado.
En este contexto, el compromiso de la UE con lo que la Comisión Europea describió como una Unión de Igualdad sigue siendo esencial, no como una postura ideológica, sino como base para la cohesión social, el desarrollo económico y la resiliencia democrática.
Según el Banco Mundial, lograr una participación igualitaria en el mercado laboral podría aumentar el producto interno bruto per cápita en un 20%. El Instituto Europeo para la Igualdad de Género estimó que para 2050 una mayor igualdad de género podría aumentar el PIB per cápita de la UE entre 1,95 billones de euros y 3,15 billones de euros, lo que equivale a un aumento del 6,1% al 9,6%.
Camino hacia una Unión de igualdad
La UE ha establecido instrumentos integrales que traducen este compromiso en acciones mensurables. Tras la Estrategia de Igualdad de Género 2020-2025, la nueva estrategia 2026-2030 ha establecido medidas específicas para cerrar las brechas de género, combatir la violencia, fortalecer la participación y garantizar la igualdad de oportunidades en todos los ámbitos políticos.
El año pasado, la Comisión adoptó la Hoja de Ruta para los Derechos de la Mujer. Abordó desafíos emergentes como la discriminación facilitada por la tecnología y alentó a los estados miembros a adoptar estándares armonizados alineados con los compromisos internacionales, incluidos aquellos promovidos por las Naciones Unidas, como la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer de 1993 y la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing de 1995.
Un paso decisivo fue la adhesión de la UE al Convenio de Estambul en 2023, que proporciona un marco jurídico vinculante para prevenir y combatir la violencia contra las mujeres, incluso en entornos domésticos.
La Convención fortalece la protección de las víctimas, la penalización de múltiples formas de abuso (incluido el acoso cibernético) y la formulación de políticas basadas en datos en toda la Unión.
Este enfoque de múltiples niveles posiciona a la UE como un punto de referencia internacional para marcos basados en derechos en un momento en que dichas normas están bajo presión en otros lugares.
Igualmente significativa es la directiva de la UE sobre transparencia salarial, que ahora entra en fases de transposición nacional.
Al exigir a los empleadores que divulguen información salarial estructurada, prohibir las solicitudes de historial salarial y exigir medidas correctivas cuando las brechas salariales de género injustificadas superan el 5%, la UE está consolidando la igualdad como un imperativo económico y social.
Tres prioridades por delante
Sin embargo, la UE no debe bajar la guardia, ya que mantener el liderazgo requiere una atención continua a tres áreas prioritarias.
El primero se relaciona con la aplicación y el seguimiento. Datos comparables, informes precisos sobre cómo la brecha salarial de género afecta a las mujeres y medidas correctivas oportunas son indispensables para garantizar que las directivas de la UE sobre igualdad de género logren un impacto tangible.
El segundo ámbito se refiere a la inversión en infraestructuras de atención y prevención. El éxito de las estrategias de la UE depende de sistemas sólidos de cuidado de niños y ancianos, así como de una prevención coordinada de la violencia de género, tanto en línea como fuera de línea.
El Convenio de Estambul y la nueva directiva sobre la lucha contra la violencia contra las mujeres deben complementarse con flujos de financiación sostenibles y la coordinación de los Estados miembros.
Por último, la UE debería integrar la igualdad de género en la gobernanza digital.
A medida que la inteligencia artificial se generaliza, se necesitan estándares (que abarquen datos de capacitación, evaluaciones de impacto y mecanismos de rendición de cuentas) para prevenir sesgos algorítmicos y garantizar que las mujeres y las niñas se beneficien de los avances tecnológicos. Esta prioridad es coherente con la agenda de la Unión por la Igualdad de la UE.
Cooperación UE-ONU
La ONU está trabajando estrechamente con la UE bajo la convicción compartida de que la igualdad de género es parte integral de los valores democráticos, el desempeño económico y la credibilidad global de Europa.
Como presidenta de ONU Mujeres Italia, trabajo para implementar las normas de la UE a nivel nacional. Nuestra organización fortalece la participación de múltiples partes interesadas a través de recomendaciones de políticas y campañas personalizadas respaldadas por la UE.
Pocos ejemplos relevantes incluyen Orange the World (una iniciativa destinada a aumentar la prevención y el apoyo a los sobrevivientes), la campaña HeForShe, que alienta el liderazgo masculino en la promoción de la igualdad, y los Principios de Empoderamiento de las Mujeres, un conjunto de siete directrices establecidas por ONU Mujeres y el Pacto Mundial de las Naciones Unidas para fomentar buenas prácticas en los lugares de trabajo, incluida la igualdad salarial y el avance profesional.
Estos esfuerzos deberían ir de la mano de campañas de sensibilización en colaboración con los medios de comunicación nacionales. A través de la Junta de Medios de ONU Mujeres Italia, cooperamos con destacados periodistas de destacados medios de comunicación para promover narrativas equilibradas y basadas en evidencia sobre la igualdad de género, reforzando los esfuerzos de la UE para abordar los estereotipos.
Estos proyectos conjuntos ayudan a fortalecer la aplicación de la ley, invertir en sistemas de atención y seguridad e incorporar la inclusión en las transiciones tecnológicas y económicas. Así es como la UE y sus Estados miembros pueden seguir estableciendo el punto de referencia para la gobernanza basada en los derechos en todo el mundo.