Artículo de opinión: Para competir en IA, la UE necesita una infraestructura integrada

Artículo de opinión: Para competir en IA, la UE necesita una infraestructura integrada

La inversión en energías renovables, pequeños reactores modulares y redes eléctricas es esencial para fortalecer las capacidades de las empresas europeas.
Placa de circuito electrónico con microchip integrado y la bandera de la Unión Europea, marzo de 2021. (Millenius)

La Comisión Europea se está centrando en simplificar las normas en el sector digital, pero Europa necesita una reforma estructural basada en la desregulación y la armonización en todo el mercado único. La UE carece de dirección estratégica y de pasos hacia un objetivo más ambicioso: un continente capaz de actuar en sus propios términos.

Durante demasiado tiempo, la infraestructura europea se ha abordado de forma fragmentaria. La política energética vive en un silo, lo digital en otro, la investigación y el transporte en dominios aún separados, y la seguridad y la escalabilidad se tratan como una ocurrencia tardía.

El desafío no es una esfera aislada, sino el fracaso en reconocerlas como un sistema único e interdependiente capaz de fortalecer la autonomía de Europa.

Un campeón europeo soberano de la IA sin una infraestructura de nube europea es una contradicción. Un centro de datos sin energía segura y confiable es una responsabilidad. Una instalación de semiconductores sin una conectividad perfecta se convierte en un cuello de botella.



Mejora del ómnibus digital

Esta perspectiva debe dar forma al próximo Digital Omnibus, el paquete legislativo propuesto por la Comisión para armonizar las normas digitales europeas. La simplificación no consiste en diluir la protección de datos o debilitar la seguridad y la privacidad, sino en hacer que las reglas funcionen, reduciendo la duplicación y aclarando las obligaciones.

Esto significa convertir una legislación densa en reglas que las empresas y los investigadores puedan implementar, particularmente las pequeñas y medianas empresas, que siguen siendo fundamentales para la innovación europea pero que a menudo cargan con requisitos de cumplimiento superpuestos.

Una regulación que no se puede aplicar en la práctica no es una salvaguardia sino una carga que los competidores globales de Europa no soportan.

La Unión Europea se ha ganado su reputación como potencia regulatoria mundial. La regulación sin capacidad industrial, innovación y empresas capaces de escalar es una estrategia insostenible. Durante años, Europa ha escrito las reglas para tecnologías que no construyó mientras dependía de infraestructura que no controla. Ésa no es una posición sostenible.

La falta de interconexión entre los sectores estratégicos de Europa se ha convertido en un problema de seguridad.

La inteligencia artificial no se trata sólo de datos: se trata de energía y capital. Entrenar e implementar sistemas de IA requiere una potencia computacional significativa y, con ella, una demanda de electricidad sustancial.

Si Europa se toma en serio la capacidad soberana de IA, debe invertir en la infraestructura que la respalde: acelerar las energías renovables, desarrollar soluciones de próxima generación, como pequeños reactores modulares, y rediseñar las redes eléctricas para satisfacer la futura demanda computacional.

La misma lógica se aplica al capital. Si los Estados miembros se resisten a la integración necesaria para que los mercados de capital de la UE funcionen eficazmente, las empresas europeas seguirán escalando en otros lugares.

Europa no necesita ganar la carrera de la IA de uso general. Esa contienda ya está planteada en términos que perjudican a los recién llegados.

Un camino más viable reside en la IA especializada: modelos diseñados específicamente para aplicaciones industriales, diagnósticos sanitarios, análisis jurídicos e investigación científica. Esta estrategia puede tener éxito si se sustenta en marcos de adquisiciones e inversiones públicas que permitan a los proveedores europeos competir según sus méritos. Empresas europeas como Robovision, Syntho y Noxtua ya demuestran que este enfoque puede dar resultados.

Una nueva estrategia

El control en la economía digital es igualmente crítico. Los bancos más grandes de la UE procesan transacciones a través de proveedores de nube estadounidenses, mientras que los hospitales europeos almacenan datos de pacientes en servidores sujetos a las leyes de vigilancia estadounidenses. Los ciudadanos y las empresas de Europa no deberían depender de infraestructuras críticas regidas por términos establecidos en otros lugares. Necesitan sistemas diseñados para servir a sus intereses.

Esto requiere compromisos ejecutables sobre localización de datos, interoperabilidad y acceso justo, junto con políticas de adquisiciones que fortalezcan el ecosistema europeo. La Comisión debe utilizar toda su gama de herramientas para garantizar una verdadera reciprocidad por parte de terceros países que buscan acceso al mercado europeo.

Europa tiene el talento, la investigación, la experiencia regulatoria y una base industrial establecida. Lo que ha faltado es voluntad política para armonizar el mercado europeo y reconocer las infraestructuras críticas como un sistema estratégico único.

El Ómnibus Digital es una elección política sobre qué tipo de economía tendrá Europa durante la próxima década y quién le dará forma.