Por qué Europa debe repensar cómo aborda las enfermedades cardiorrenal-metabólicas
En el Parlamento Europeo en Bruselas, el Parlamento y Boehringer Ingelheim reunieron a responsables políticos, expertos en salud y partes interesadas para examinar cómo Europa puede abordar mejor la creciente carga de enfermedades cardio-renal-metabólicas (CRM), un grupo de condiciones interconectadas, como diabetes, enfermedades hepáticas, obesidad o enfermedad renal crónica, que continúan desafiando los sistemas de salud en toda la Unión Europea.
Al abrir el debate, el eurodiputado Michalis Hadjipantela (PPE, Chipre), anfitrión del evento, marcó la pauta subrayando que “las enfermedades cardiovasculares, renales y metabólicas no pueden abordarse de forma aislada”. Estas condiciones están interconectadas, lo que significa que la disfunción en un sistema a menudo acelera las complicaciones en otro, lo que lleva a una mayor mortalidad, más hospitalizaciones y mayores costos de atención médica.

A pesar de esto, el vínculo entre estas condiciones sigue siendo poco reconocido en los marcos políticos. Hadjipantela dijo que surge un nuevo impulso político a nivel de la UE, tras el anuncio en 2025 por parte de la Comisión Europea del Plan Corazones Seguros, cuyo objetivo es reducir la mortalidad general relacionada con las enfermedades cardiovasculares en la UE centrándose en las necesidades especiales de los grupos de población vulnerables y apoyando a los Estados miembros en diferentes sectores, desde la prevención hasta la atención.
A continuación, el debate se centró en cómo traducir la ambición en una acción continental eficaz y coordinada.
Un orador subrayó que el momento actual presenta una oportunidad única. Con la Comisión Europea impulsando el Plan Corazones Seguros, definiéndolo como una iniciativa clave para ayudar a “hacer frente a la carga de morbilidad de manera eficiente”, y las recientes conclusiones del Consejo destacando la salud cardiovascular como una “prioridad, las bases para la acción están sentadas”, siendo el aspecto clave centrarse en la ejecución.
“Hay una ventana clara para actuar”, señaló una contribución, señalando la magnitud de la carga y la disponibilidad de datos que muestran tendencias de empeoramiento en algunas partes de Europa. Sin intervención, se espera que los resultados se deterioren aún más, por lo que la prevención y la detección temprana son esenciales. Un tema central a lo largo del debate fue la necesidad de alejarse de enfoques fragmentados que se centran en enfermedades individuales. En cambio, los oradores pidieron repetidamente un cambio hacia un modelo más integrado que refleje cómo estas condiciones interactúan en la práctica.

Una intervención destacó que los sistemas de salud y las estructuras de formulación de políticas todavía se basan en gran medida en torno a condiciones únicas. “Los países todavía se centran en enfermedades específicas en lugar de en grupos”, se señaló, a pesar de la creciente evidencia de que la multimorbilidad es ahora la norma y no la excepción.
Este cambio hacia un enfoque basado en clusters se consideró en general necesario pero complejo. Requiere coordinación entre disciplinas médicas, áreas de políticas y niveles de gobernanza, así como cambios en la forma en que se brinda la atención sobre el terreno.
La detección temprana surgió como otra prioridad clave. Los ponentes señalaron la importancia de identificar factores de riesgo como la hipertensión arterial, la diabetes o la disfunción renal antes de que surjan complicaciones. Ya existen herramientas de detección que, a menudo, son sencillas y rentables, pero siguen estando infrautilizadas.
Podemos fijar objetivos ambiciosos, pero sin seguimiento no podemos medir el éxito
“Existe una gran oportunidad para detectar a las personas antes”, subrayó otro orador, añadiendo que un mejor uso de las herramientas disponibles podría reducir significativamente la carga de morbilidad a largo plazo.
La discusión también destacó el papel de la atención primaria en este esfuerzo. Se consideró fundamental fortalecer los sistemas de atención primaria de salud y equiparlos con los incentivos, herramientas y datos adecuados para mejorar la prevención y el seguimiento.
Al mismo tiempo, los participantes enfatizaron la importancia de la atención coordinada. Los pacientes con múltiples enfermedades a menudo navegan por sistemas fragmentados, consultan a varios especialistas y reciben consejos superpuestos o inconsistentes. Esto no sólo crea ineficiencias sino que también supone una pesada carga para los pacientes.

“Necesitamos reducir la fragmentación”, destacó una contribución, señalando que un enfoque más holístico podría mejorar tanto la experiencia del paciente como los resultados.
Los datos y el seguimiento fueron identificados repetidamente como facilitadores esenciales del progreso. Sin indicadores claros y datos confiables, es difícil evaluar si las políticas están dando resultados o ajustar las estrategias cuando sea necesario.
“Podemos fijar objetivos ambiciosos, pero sin seguimiento no podemos medir el éxito”, advirtió un orador.
Varios participantes destacaron el papel de las herramientas digitales y la inteligencia artificial para apoyar este esfuerzo, particularmente en la identificación de poblaciones en riesgo y el seguimiento de los resultados a lo largo del tiempo. Sin embargo, también subrayaron la necesidad de alinear las iniciativas a nivel de la UE y los sistemas nacionales de salud.

“Debe haber coherencia entre lo que se hace a nivel europeo y nacional”, argumentó una intervención, y agregó que son necesarios indicadores compartidos y objetivos comunes para garantizar un progreso significativo.
Al mismo tiempo, se consideró igualmente importante la flexibilidad para los Estados miembros. Las diferencias en los sistemas de salud, los perfiles epidemiológicos y los recursos significan que es poco probable que un enfoque único sea eficaz. El desafío reside en combinar un marco europeo común con la adaptación nacional.
La dimensión económica de la prevención también ocupó un lugar destacado en el debate. Varios oradores destacaron que invertir en detección y tratamiento tempranos puede generar importantes ahorros a largo plazo.
Debe haber coherencia entre lo que se hace a nivel europeo y nacional
“La salud es una inversión”, señaló un participante, destacando la evidencia de que las medidas preventivas pueden reducir los costos de atención médica y al mismo tiempo mejorar la calidad de vida.
Este argumento se consideró particularmente importante en el contexto político actual, donde los debates sobre competitividad y resiliencia económica dominan la agenda. Los participantes subrayaron que una población más sana es un requisito previo para una Europa más productiva y competitiva.
Otro tema recurrente fue la importancia de la participación del paciente. Se identificó como un componente clave para lograr sistemas de atención sanitaria más eficaces empoderar a las personas para que puedan gestionar su propia salud, con el apoyo de nuevas tecnologías y mejor información.

Al mismo tiempo, los participantes señalaron la necesidad de realizar más investigaciones, en particular sobre la naturaleza interconectada de las enfermedades crónicas. Si bien se han logrado avances significativos en la comprensión de las condiciones individuales, persisten brechas en cómo interactúan y cuál es la mejor manera de abordarlas colectivamente.
También se discutieron abiertamente los desafíos de la implementación. Si bien muchas de las intervenciones necesarias ya se conocen, la dificultad radica en ampliarlas y garantizar que se apliquen de manera coherente.
“Sabemos lo que funciona. La pregunta es por qué no lo hacemos”, comentó un orador, señalando barreras como la financiación, la coordinación y la voluntad política.

También se destacó la ambición de los objetivos actuales de la UE. Se considera que reducir significativamente la mortalidad cardiovascular durante la próxima década es algo que se puede lograr, pero es exigente, y requiere un compromiso sostenido y una priorización clara de las intervenciones.
El debate concluyó con un reconocimiento compartido de que Europa tiene tanto el conocimiento como las herramientas para abordar las enfermedades CRM de forma más eficaz. El desafío ahora es garantizar que las políticas se implementen de manera coordinada, basada en evidencia y centrada en el paciente.
Como dijo un participante, ahora la atención debería pasar de identificar los problemas a ofrecer soluciones. Con el impulso político y la creciente conciencia sobre la naturaleza interconectada de las enfermedades crónicas, los próximos años serán decisivos para determinar si Europa puede convertir la ambición en un progreso mensurable, con el Plan Corazones Seguros como primera prueba.
Lea el informe de Future Health sobre las respuestas de las políticas de salud a las enfermedades cardiovasculares, renales y metabólicas.