Por qué la OTAN debe priorizar la inversión en biodefensa

Por qué la OTAN debe priorizar la inversión en biodefensa

El nuevo objetivo de la OTAN del 1,5% del PIB para gasto en preparación civil, resiliencia e infraestructura crítica marca un punto de inflexión en el enfoque de la Alianza en materia de seguridad. Pero sin un marco claro, ¿es suficiente? Joe Papa, presidente y director ejecutivo de Emergent BioSolutions, analiza cómo la OTAN puede pensar en el desarrollo de capacidades reales y por qué la biodefensa debería ser una prioridad absoluta.
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La OTAN recientemente estableció el objetivo de que los países miembros gasten al menos el 1,5% del PIB en preparación civil, resiliencia e infraestructura crítica. ¿Por qué es importante este cambio?

joe papa: Es un paso adelante fundamental y un reconocimiento de que la defensa moderna se extiende mucho más allá del poder militar tradicional. Las amenazas que enfrentamos hoy (ciberataques, campañas de desinformación y amenazas biológicas) pueden desestabilizar a las sociedades tanto como la guerra convencional. El objetivo del 1,5% de la OTAN reconoce que la resiliencia, incluida la biodefensa, es una parte importante de la seguridad nacional. Ahora que se ha asumido este compromiso, es importante que la OTAN garantice que el objetivo impulse una capacidad real.

La declaración no proporcionó definiciones ni categorías elegibles para el objetivo del 1,5%, ni un mecanismo de supervisión. ¿Cómo podemos garantizar que los gobiernos pasados ​​y futuros traten el objetivo como se pretende?

Resiliencia real significa la capacidad mensurable de anticipar, resistir y recuperarse de las crisis. En un clima fiscalmente desafiante, el impulso puede ser –comprensiblemente– que los gobiernos alcancen el punto de referencia reetiquetando el gasto existente. En cambio, los miembros de la OTAN deberían utilizar este gasto como una oportunidad para desarrollar plenamente sus estrategias de preparación y respuesta a las amenazas actuales.

Como ha argumentado el Centro para la Resiliencia a Largo Plazo del Reino Unido, la resiliencia exige inversión a largo plazo, una gobernanza clara y responsabilidad pública. Sin eso, el objetivo del 1,5% corre el riesgo de repetir viejos errores, creyendo que el público es inmune a amenazas invisibles, seguido de una respuesta potencialmente más lenta o menos efectiva que si existiera un plan.

El 3,5% gastado en defensa convencional debería equipar a los países de la OTAN para librar guerras y realizar otras operaciones militares. El 1,5% para la resiliencia debe prepararlos para responder a otro tipo de amenazas. Para lograrlo, los gobiernos deben desarrollar presupuestos nacionales específicos de resiliencia que den prioridad a las complicadas amenazas que a menudo atraviesan múltiples ministerios gubernamentales y causan graves impactos en la sociedad, como la bioseguridad, la ciberdefensa y la integración de la cadena de suministro.

Las amenazas que enfrentamos hoy (ciberataques, campañas de desinformación y amenazas biológicas) pueden desestabilizar a las sociedades tanto como la guerra convencional.

¿Por qué cree que la bioseguridad debería ser una prioridad máxima para el gasto en resiliencia de la OTAN?

La bioseguridad es una parte esencial de la seguridad nacional. Las amenazas biológicas, ya sean naturales, accidentales o deliberadas, tienen el potencial de provocar importantes trastornos sociales. La COVID-19 expuso la fragilidad de nuestro sistema de salud pública y de nuestras cadenas de suministro, mientras que los rápidos avances en biotecnología e inteligencia artificial han reavivado las preocupaciones sobre el uso indebido deliberado de patógenos.

En el Reino Unido, el Registro Nacional de Riesgos del Gobierno, que evalúa el impacto y la probabilidad de diferentes riesgos, continúa clasificando tanto las pandemias como los incidentes relacionados con QBRN entre los riesgos de mayor impacto que enfrenta el país, señalando una probabilidad de entre 5% y 25% de que ocurra otra pandemia en los próximos cinco años.

La verdadera bioseguridad requiere inversiones a largo plazo: almacenar vacunas y terapias, mantener la capacidad de fabricación, fortalecer las redes de biovigilancia y capacitar al personal. Hoy en día, la mayoría de los países de la OTAN todavía dependen de presupuestos fragmentados con poca coordinación estratégica o rendición de cuentas. Eso tiene que cambiar para poder responder rápida y eficazmente a amenazas futuras.

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Los países de la OTAN deberían empezar por reservar una parte de sus presupuestos de resiliencia específicamente para la bioseguridad.

¿Existen modelos que los países de la OTAN puedan seguir para mejorar su gasto en biodefensa?

El reciente compromiso de Alemania de aumentar su gasto general en defensa durante los próximos cinco años es un hito importante. La decisión y las acciones de Alemania proporcionan un modelo para otros países de la OTAN y ayudarán a construir una alianza más segura y capaz. La inversión sostenida y la transparencia indican a la industria lo que se necesita y alinean los esfuerzos públicos y privados en torno a una preparación sólida.

Los países de la OTAN podrían empezar por destinar una parte de sus presupuestos de resiliencia específicamente a la bioseguridad. También existe la oportunidad de una mayor colaboración para abordar las amenazas transfronterizas a la salud, como la adquisición conjunta de contramedidas, equipos y servicios médicos. Estas acciones mostrarían una intención real de fortalecer la preparación para eventos de baja probabilidad y alto impacto que podrían amenazar la postura de defensa colectiva de la OTAN tan profundamente como cualquier misil o ciberataque.

La verdadera bioseguridad requiere inversiones a largo plazo: almacenar vacunas y terapias, mantener la capacidad de fabricación, fortalecer las redes de biovigilancia y capacitar al personal.

Reflexiones finales: ¿qué está en juego si los países de la OTAN no aumentan su gasto en biodefensa y preparación?

Lo que está en juego no podría ser mayor. Si los gobiernos no financian suficientemente la resiliencia, existe el riesgo de repetir viejos errores: gastos de pánico en crisis, falta de financiación en tiempos de paz y vulnerabilidades que amenazan la defensa colectiva de la OTAN. Pero con una verdadera inversión intersectorial, transparencia y rendición de cuentas, la resiliencia (incluida la biodefensa) puede convertirse en un verdadero pilar de seguridad para la Alianza.

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