Artículo de opinión: Europa debe prepararse para la realidad

Artículo de opinión: Europa debe prepararse para la realidad

Después de décadas de ilusiones, la UE finalmente está comenzando a enfrentar sus responsabilidades en materia de seguridad. La pregunta ahora es si Europa actuará con la urgencia que exige la disuasión.
La tripulación del tanque del Ejército Real Danés descansa después del ejercicio militar de la Brigada Multinacional de la OTAN Letonia Resolute Warrior en Adazi, Letonia, noviembre de 2025. (ZUMA Press, Inc.)

Europa ha pasado demasiado tiempo bajo ilusiones que ya no se sostienen. La paz fue tratada como permanente. Las amenazas fueron descartadas por improbables. Nos convencimos de que la política de poder pertenecía al pasado. Esa complacencia fue un error estratégico y ahora vivimos con las consecuencias.

El acuerdo provisional de noviembre entre el Consejo y el Parlamento Europeo sobre el llamado miniómnibus de defensa (nuevas medidas para estimular las inversiones en defensa en el marco del plan ReArm Europe de la UE) es un reconocimiento tardío de que Europa debe tomar en serio su propia defensa. Como ponente de este paquete, mi objetivo era simple: dar a la UE la capacidad de invertir de forma más rápida, más flexible y más coherente en las capacidades que nos protegen. Esto no es un gran avance; es una corrección de rumbo necesaria: un esfuerzo por reconstruir lo que nunca se debería haber permitido que se marchitara.

Durante años, los países del flanco oriental de Europa –incluida Letonia– advirtieron que regímenes como el de Putin sólo entienden la fuerza. Con demasiada frecuencia esas advertencias fueron descartadas por considerarlas alarmistas. Luego vino la invasión a gran escala de Ucrania.

Hoy en día, las deficiencias de defensa de Europa son innegables. Las reservas de municiones se han reducido a niveles peligrosos. Los ciclos de adquisiciones están enredados en la burocracia. La ayuda a Ucrania se ha retrasado, principalmente no por falta de voluntad sino por falta de preparación. Estos son fracasos políticos, síntomas de un déficit más profundo de seriedad en nuestra forma de pensar sobre la seguridad.

El miniómnibus de defensa no solucionará todo. Pero elimina algunos de los obstáculos estructurales que han paralizado nuestra capacidad de actuar. Simplifica la cooperación, apoya las adquisiciones conjuntas y empodera a nuestras industrias de defensa, especialmente las pequeñas y medianas empresas que son esenciales para la innovación y la resiliencia. Nos da los medios para actuar más rápido y juntos. Si elegimos utilizar esos medios es otra cuestión.

La credibilidad de la defensa europea depende no sólo de cuánto gastamos, sino también de dónde lo gastamos. No podemos hablar de “autonomía estratégica” mientras dependemos de proveedores de terceros países para equipos militares críticos. Esa dependencia debilita nuestra disuasión y socava nuestra independencia política.

Esto no es proteccionismo; es sentido estratégico. Comprar productos europeos fortalece las cadenas de suministro, asegura la propiedad intelectual y garantiza que el dinero de los impuestos europeos apoye a los trabajadores, ingenieros y tecnologías europeos. El mini-ómnibus ayuda a permitir este cambio. El Ómnibus de Preparación para la Defensa a mayor escala que seguirá debería basarse en esta base y llevarla más lejos. Pero ningún conjunto de herramientas, por bien diseñadas que estén, garantiza la acción.

Es hora de dejar de tratar el gasto en defensa como un tabú político. La seguridad no es un lujo que deba discutirse sólo después de que se hayan satisfecho las prioridades internas. Es la base sobre la que descansan todas las demás prioridades.

La disuasión requiere más que declaraciones; exige capacidades creíbles, presupuestos reales y disposición para actuar. Sí, invertir en defensa es caro, pero descuidarlo es mucho más costoso. Europa ha aprendido esta lección de la manera más difícil, y a expensas de Ucrania.

Si queremos evitar la próxima guerra, debemos demostrar que tenemos los medios y la voluntad para impedirla.

La ventana para fortalecer las defensas de Europa todavía está abierta, pero se está cerrando rápidamente. Si no actuamos ahora, enfrentaremos la próxima crisis armados con las mismas excusas y los mismos arrepentimientos. Si actuamos con urgencia, coordinación y convicción, podemos restaurar la credibilidad de Europa y reconstruir la confianza de nuestros ciudadanos en la capacidad de la UE para protegerlos.

La paz no se preservará mediante resoluciones ni retórica. Será preservado por la fuerza: industrial, militar y política. La seguridad de Europa dependerá de si decidimos enfrentar esta realidad hoy, no después de que la próxima guerra ya haya comenzado.