Artículo de opinión: Los argumentos de Chipre a favor de una política migratoria centrada en las personas
Durante años, Chipre ha estado a la vanguardia de una exigente realidad migratoria. Como Estado miembro de la Unión Europea con el mayor número de solicitantes de asilo per cápita, Chipre está soportando una carga desproporcionada que está poniendo a prueba su capacidad administrativa y la eficacia de las políticas europeas. La experiencia del país muestra que la UE ya no puede depender de un mecanismo que deja a los estados de primera línea gestionar un desafío europeo únicamente a través de medios nacionales.
La presidencia chipriota del Consejo de la Unión Europea ofrece una importante oportunidad para volver a poner en la agenda la cuestión del reparto justo de responsabilidades, un debate que el nuevo Pacto sobre Migración y Asilo no aborda.
Las presiones desproporcionadas sobre Chipre se deben a su ubicación geográfica como frontera exterior sudoriental de la UE y su proximidad a zonas de conflicto en Oriente Medio y África. Además, Turquía instrumentaliza a los migrantes facilitándoles su viaje a la parte norte ocupada de la isla, desde donde luego cruzan la línea de alto el fuego hacia la República de Chipre para buscar asilo dentro de la UE.
A pesar de las limitadas capacidades de acogida del país y de los repetidos llamamientos a la solidaridad, la UE a menudo se ha limitado a prestar apoyo técnico y financiación.
Más allá de la externalización fronteriza
La cuestión de la política migratoria y la integración debe examinarse desde una perspectiva diferente y más centrada en las personas.
La política migratoria no puede ser efectiva si continúa basándose en la lógica de la doctrina de la “Europa fortaleza”, que depende principalmente de Frontex, la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas, para implementar una estrategia de disuasión, vigilancia y externalización de fronteras, es decir, la transferencia de responsabilidad a países no pertenecientes a la UE.
Esto aumenta la dependencia de la UE de terceros Estados, a menudo autoritarios, para la gestión de la migración y el control de sus fronteras, como se ve en los acuerdos con Turquía, Libia, Túnez y Egipto. Al mismo tiempo, pone en peligro los derechos humanos de los solicitantes de asilo.
La UE necesita un enfoque integral que pueda abordar las causas profundas de la migración, fomentando la paz, el desarrollo y la cooperación internacional. Un sistema que combine humanidad, responsabilidad compartida, examen rápido y justo de las solicitudes de asilo, junto con políticas de integración que ayuden a los refugiados y las comunidades locales a coexistir armoniosamente.
La solidaridad no debería basarse en un mecanismo voluntario, como el establecido por el nuevo Pacto sobre Migración y Asilo, que reemplazó al sistema de Dublín que había dado forma a la política migratoria de la UE durante más de tres décadas.
El pacto, que se espera que entre en vigor en junio de 2026, ofrece a los Estados miembros reacios vías alternativas para la reubicación de migrantes desde países fronterizos, incluida ayuda financiera y apoyo operativo.
¿Qué estrategia migratoria
Chipre tiene credibilidad para denunciar los fallos del sistema y tiene todo el interés en promover soluciones alternativas.
Durante su mandato, Chipre debería fomentar la cooperación con terceros países basada en el desarrollo, la estabilidad y los derechos humanos, en lugar de respaldar acuerdos restrictivos de control fronterizo. El fortalecimiento de la dimensión exterior de la UE también se puede lograr a través de rutas de migración legales y programas de reasentamiento eficaces, reduciendo las llegadas irregulares.
Además, Chipre debería reiterar la importancia de las políticas de integración, proponiendo apoyo paneuropeo a las iniciativas de educación, vivienda y empleo. Dichos esfuerzos deberían estar estrechamente vinculados al Espacio Europeo de Educación, promoviendo el acceso inclusivo a una educación y formación de calidad, el reconocimiento mutuo de cualificaciones, el aprendizaje de idiomas y las oportunidades de aprendizaje permanente. Incorporar medidas de integración en el marco del Espacio Europeo de Educación (en coordinación con la Comisión Europea y los Estados miembros) ayudaría a garantizar la coherencia, la movilidad y la igualdad de estándares en toda Europa.
Hay mucho en juego y profundamente político. Mantener el status quo sólo seguirá beneficiando a la extrema derecha europea, que busca argumentos para reforzar su agenda antiinmigración. El actual marco de políticas migratorias de la UE corre el riesgo de desencadenar nuevas crisis, exacerbando aún más el debate público y complicando cualquier intento futuro de arreglar el régimen legal.