Op-Ed: la UE debe resistir los intentos de Trump de dominación digital
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha amenazado una vez más a sus socios internacionales, anunciando “aranceles sustanciales” y restricciones de exportación contra cualquier país que se atreva a introducir un impuesto digital o hacer cumplir sus propias reglas contra las empresas tecnológicas estadounidenses.
Lo que se vendió en Escocia como un “trato” entre Trump y el presidente de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, nunca fue más que una tregua frágil, y ya se ha roto.
Detrás de este anuncio hay una alianza impía entre el poder político y los gigantes tecnológicos globales, compañías que no desean cumplir con la UE o cualquier otra regla.
Estas compañías, casi todas las nacidas en los Estados Unidos, son generosas durante las campañas políticas, y aún más generosas después. El CEO de Apple le presentó recientemente a Trump una placa de vidrio en una base de oro de 24 quilates, un regalo más adecuado para un faraón que un líder demócrata.
Estas son las mismas compañías tecnológicas que fingieron apoyar el enfoque de la UE a la política tecnológica durante el último término legislativo, antes de cambiar su melodía.
Estas compañías tienen una aversión profunda a la transparencia, la protección de datos y la responsabilidad democrática. Hablan de innovación, pero lo que realmente quieren es un Wild West digital, una jungla sin ley que engorda sus ganancias donde los derechos de los ciudadanos son meros inconvenientes.
Europa debe mantenerse firme frente a la presión estadounidense
Las leyes de la UE se redactan en interés de los ciudadanos de la UE, no reescritos bajo presión extranjera. Leyes como la Ley de Servicios Digitales (DSA) y la Ley de Mercados Digitales (DMA) no se dirigen a ningún país o empresa. Mantienen la competencia, apuntan a una mejor protección de nuestros ciudadanos y apoyan la creación de mercados digitales más abiertos y de mejor rendimiento.
Proporcionan a los europeos los derechos que los estadounidenses aún carecen: el derecho a cancelar una compra, el derecho a no tener datos personales vendidos en los mercados sin consentimiento, el derecho a una economía digital más justa donde un puñado de gigantes no dicta términos a cientos de millones de ciudadanos.
Estas reglas son la columna vertebral de nuestra autonomía regulatoria y la prueba de que Europa aún puede establecer estándares con el potencial de ser adoptado a nivel mundial.
Defender la democracia digital europea
La nueva amenaza de Trump significa que la UE debe estar lista para defender su autonomía con acciones concretas.
Debemos avanzar con un impuesto digital, porque la justicia exige que las plataformas globales paguen su participación. Debemos activar los nuevos instrumentos anti-coerción de la UE, herramientas diseñadas precisamente para contrarrestar el chantaje y las represalias comerciales injustas.
La presión debe aumentarse en la Comisión Europea para la implementación completa, rápida y adecuada de la legislación DSA, DMA y otra legislación digital y de IA. Si la Comisión alguna vez cede a la presión, el Parlamento Europeo tomará medidas a través de la legislación, las resoluciones y, si es necesario, el Tribunal de Justicia.
Estados Unidos sigue siendo un aliado estratégico, pero los aliados no se intimidan entre sí. El diálogo es posible y deseable. Estamos abiertos a conversaciones estructuradas con Washington sobre la transparencia regulatoria, la interoperabilidad y el debido proceso. El diálogo sobre la tecnología y los problemas digitales ya ha comenzado, y debe usarse para una discusión abierta y franca sobre una posición igual.
Pero la UE nunca reescribirá sus leyes bajo amenaza, y debemos preparar una respuesta que sea firme y proporcional. Estas amenazas van más allá de una disputa técnica: han lanzado una batalla política sobre la capacidad de Europa para elegir y hacer cumplir nuestro modelo digital. Estamos luchando por nuestra soberanía democrática.
Unidos, como europeos, debemos mostrar a nuestros ciudadanos y al resto del mundo que existe una alternativa al poder excesivo de la gran tecnología. Debemos demostrar que estamos listos para usar nuestro peso y nuestro poder para contrarrestar la arrogancia de nuestro aliado histórico.
Trump no es el “Presidente de Europa”, aunque le gustaría pensar y decirlo, y la UE no nació “para joder a los Estados Unidos” como él también dijo. La UE es una unión de valores e intereses comunes que siempre debemos estar listos para defender.